Los protocolos de contaminación que se activan en las grandes urbes no son suficiente medida para paliarla. Se precisan medidas más contundentes, y la tendencia que está imponiéndose de modo complementario es la de prohibir la circulación de los vehículos viejos.

La razón es sencilla: los coches añosos contaminan más. Para hacernos una idea, el casi medio millón de vehículos diésel con más de tres lustros que circula por las calles de Madrid contamina lo mismo que el resto del parque de vehículos, cuatro veces mayor.

Sin embargo, se trata de una medida polémica, puesto que penaliza a las personas con menos recursos económicos. Quizá no en todos los casos, pero en la inmensa mayoría de ellos llevar un coche viejo es sinónimo de no poder pagar uno nuevo.

Además, el hecho de que Madrid y Barcelona hayan anunciado que en unos años sus respectivos centros urbanos estarán vedados para los coches viejos no supone una paralela política de ayudas que realmente facilite su renovación.

l margen de esta falta de ayudas, un aspecto que retomaremos más adelante, es importante subrayar que no se trata de una medida aislada. De hecho, en las urbes se ponen en marcha distintas medidas y planes para reducir la polución ambiental.

Una de las medidas previas que suelen aplicarse consiste en la restricción aleatoria de los coches en función de su matrícula es una de las medidas complementarias, aplicadas en distintas ciudades europeas, entre ellas París o Roma. Básicamente, ha sido su falta de eficacia lo que ha llevado a dar un paso más con el anuncio del cierre del centro urbano.

Por su parte, la circulación alterna es una medida novedosa en las urbes españolas, y los resultados también son poco satisfactorios, con lo que acabar subiéndose al carro de las políticas europeas en dicha materia resulta inevitable.

Prohibido circular a los coches viejos

Además de la circulación alterna y el reciente anuncio de un aparcamiento más caro a los coches más contaminantes, el consistorio madrileño anuncia también que en 2025 la circulación de los coches que tengan más de dos décadas se verá limitada en el término municipal.

Es decir, se trata de una restricción basada en la antigüedad, un aspecto criticado por los ecologistas, puesto que un diésel es más contaminante que un coche de gasolina, independientemente de su edad.

Será durante el primer semestre de este año cuando se den a conocer los modelos (antigüedad y las características), así como el número de vehículos que tendrán prohibido circular prácticamente en toda Barcelona.



Los criterios para decidir qué coches son más contaminantes se basarán en el nuevo sistema de etiquetas de eficiencia de la DGT. Asimismo, se lanzará una campaña para animar a los ciudadanos a retirar los vehículos más contaminantes, recibiendo a cambio un pobre incentivo que consiste en un bono anual gratuito para el transporte público

Mientras Barcelona ha tomado la decisión de prohibir la circulación de coches de más de 20 años dentro de un acuerdo más amplio, -alcanzado entre la Generalitat, el Área Metropolitana, representantes de 40 municipios y el Ayuntamiento de Barcelona – en Madrid se trata de una decisión circunscrita a la ciudad.

¿Buenas o malas medidas? Sin que la medida deje de ser interesante, resulta difícil de entender dichas decisiones como una actuación a nivel municipal aislada, sin medidas que incentiven la compra de coches nuevos con ayudas económicas que pueden adoptar distintas formas: subvenciones o, por ejemplo, modificaciones en la fiscalidad.

Un cambio en la fiscalidad del automóvil, en efecto, reduciría las cifras de mortandad en las carreteras y también la contaminación, con lo que ello supone no solo a nivel de salubridad sino también en lo que respecta a la huella de carbono.

El ejemplo de París

La capital francesa es un ejemplo en política ambiental, no solo porque se aplican medidas desde un enfoque conjunto, con lo que se coordinan las distintas acciones en áreas diferentes para lograr mejores resultados, sino también porque se está actuando en dicho sentido desde hace muchos años.

Si bien ciudades como Copenhaguen o Amsterdam son ciudades modélicas en el uso de la bicicleta como medio de transporte ecológico que ha ganando terreno a los coches y sigue haciéndolo, París se revela como un ejemplo a seguir sencillamente porque tiene un problema de contaminación importante, contra el que ha de luchar a brazo partido para poder mejorar la calidad del aire y su habitabilidad.

Si de declarar la guerra al coche se trata, por lo tanto, París es un espejo en el que mirarse, aunque no su política ambiental tenga mucho que mejorar, obviamente. Sobre todo, nos llevan la delantera a la hora de establecer medidas que permitan acabar con la contaminación generada por el tráfico rodado.

Barcelona y Madrid prohibirán el uso de coches viejos
Por un lado, se prohibirá los coches diésel en 2020, y dentro del mismo plan se busca convertir el centro de la ciudad en una zona semipeatonal, al tiempo que se ha ido avanzando en la prohibición de los coches que más contaminan.

Más que los coches viejos, se centra la actuación también en los coches diésel, además de una batería de medidas que promocionan la movilidad sostenible y la biodiversidad en la ciudad. Todo dentro de un marco general que busca alcanzar la neutralidad en carbono para 2050.

Más allá de animar a la gente a comprar vehículos más limpios, su objetivo es no necesitar el coche. Dando un paso más, el objetivo es ampliar las políticas también a la zona periférica gracias a la colaboración del Estado en un sinfín de aspectos, como cuando decidió subvencionar el uso de la bici para ir al trabajo. Planes ambiciosos que no además se plasman en hechos. Qué buena es en este caso la envidia, eso sí, envidia sana.

Fuente: EcologiaVerde.com