José* y Sofía*, una feliz y enamorada pareja que se casaron hace un par de fines de semana en unos de los hoteles alrededor de uno de los lagos más hermosos del mundo, están ahora pasando una gran tristeza, ya que el día de hoy su matrimonio fue anulado rotundamente.

La fiesta en cuestión comenzaba como todas: buena y abundante bebida, boquitas variadas, los invitados en sus mejores galas, las damas con sus vestidos largos y los caballeros con sus trajes entallados y a la medida, fotos por aquí y fotos por allá, las bendiciones corriendo por todo el salón, ya saben, lo de siempre.

Entre los invitados estaba el juez, amigo del papá de la novia, que con su esposa siempre se ponen alegres en las fiestas que los invitan.

A media noche la gente comenzaba a sentirse extraña, como que “algo faltaba”, bailaban y cantaban, gritaban y brincaban pero muy en sus adentros algo les hacía falta.

Hasta que la música fue interrumpida y la fiesta se enfrió, y el juez antes mencionado, estaba a punto de romper con esta alegría por faltar a las costumbres de rigor en este tiempo de eventos sociales.



“Me es inaceptable que en esta fiesta donde todos llevamos horas esperando y reunidos felizmente, no hayan podido poner una sola vez el mix de Olga Tañón, con mi esposa nos encanta bailar esa pieza (sic) y me sé todos los pasos, estoy indignado y triste, este matrimonio queda legalmente anulado por el poder que me confiere el Estado”, exclamó el señor juez. “No es posible que no se apoye al talento nacional, se están perdiendo los valores“.

Por el momento la pareja se encuentra firmando los papeles de divorcio y reprogramando la boda para dentro de unas semanas donde encuentren una disco que sepa poner canciones movidonas para crear ambiente y no hacer enojar a nadie.

A continuación la canción que pudo haber evitado esta triste historia:

 

* Nombres ficticios para proteger la identidad de José y Sofía.