Prohibido embarcar al avión con un Galaxy Note 7, aunque esté apagado. Así de firmes se han puesto las aerolíneas con el que iba a ser el producto estrella de la multinacional surcoreana para este año, que dados los problemas de combustión espontánea que presenta han llevado a las compañías a vetar su subida a la aeronave para evitar problemas mayores.

Aunque hasta este domingo era normal que se advirtiese por la megafonía que cualquier aparato de este modelo en concreto debía permanecer apagado a bordo del avión en todo momento, la Administración de Aviación Federal (FAA en inglés) dio ayer un paso más y prohibió introducirlo -encendido o apagado- en cualquiera de los aviones de los Estados Unidos, ya sean vuelos nacionales o internacionales,una medida que se hizo efectiva ayer mismo.

“Reconocemos que prohibir este modelo va a ser molesto para las compañías aéreas y también para los pasajeros que tengan uno de ellos, pero la seguridad es nuestra prioridad”, aseguró en un comunicado Anthony Foxx, Secretario de Transporte estadounidense. “Hemos dado este paso adicional porque cualquier fuego durante un vuelo es un riesgo severo y puede poner muchas vidas en peligro”, añadió.

La FAA advirtió de que la medida adoptada no es una recomendación, sino una norma, por lo que acceder a un avión con un Note 7 puede ser castigado con una multa o considerarse un delito similar al de portar un arma, un spray o un producto que arda.

La nueva medida fue rápidamente secundada por las autoridades de países como Canadá, Israel y Japón, además de las aerolíneas de otros países, una decisión que se produjo en la misma semana en la que la firma tecnológica Samsung Electronics decidió paralizar la producción y venta de este problemático modelo tras registrarse varios casos de ignición, incluidos los modelos de reemplazo.

Ante esta situación, Samsung ha reaccionado anunciando este lunes que ofrecerá teléfonos de recambio a los usuarios del Galaxy Note 7 con vuelos internacionales desde Corea del Sur. “Hemos abierto un mostrador en el Aeropuerto Internacional de Incheon para que los usuarios puedan cambiar su Note 7 por un terminal de otro modelo”, aseguró a Efe un portavoz de la empresa con sede en Seúl, sin especificar si esta medida se ampliará a aeropuertos de otros países.

En el caso de Corea del Sur, que junto a EEUU es el país donde más smartphones de este tipo se han vendido, el Ministerio de Transporte no ha impuesto de momento restricción alguna para este modelo en los vuelos nacionales o internacionales.



Por su parte, Samsung dio a conocer que ha iniciado una investigación a gran escala para conocer al detalle las causas que originan que sus aparatos se prendan fuego por sí solos, algo que en un principio atribuyó a una partida de baterías defectuosas, pero que más tarde ha sido puesto en duda sin dar una explicación sobre lo sucedido.

Según la empresa, numerosos ingenieros “examinan minuciosamente los procesos de ingeniería, fabricación y control de calidad del producto” para intentar hallar las causas de los incendios en los terminales, aseguró un portavoz del grupo empresarial. “Barajamos cualquier posibilidad y estamos trabajando contrarreloj para llegar al fondo del problema”.

Desde que se produjo el tremendo fiasco con el Note 7, muchas son las voces que han alertado que la compañía debe explicar en la mayor brevedad posible a los consumidores qué es lo que realmente ha pasado, sobre todo de cara a intentar restaurar la confianza en la marca que ya de por sí ha quedado muy dañada con este episodio.

Además, este fin de semana también se supo que el Gobierno de Corea del Sur ha iniciado su propia investigación, independiente a la que está llevando a cabo Samsung, para determinar las causas que han originado que estos móviles se prendan fuego por sí solos. Para ello, cuentan con varios aparatos suministrados por la compañía, en los que emplearán tecnologías como los rayos X y tomografías computarizadas para encontrar la causa exacta del problema.

Tras el incendio de varios Note 7 de la primera hornada, la empresa ordenó en septiembre la revisión de unos 2,5 millones de teléfonos, pero finalmente se decidió retirar el producto del mercado la semana pasada al persistir el problema.

A consecuencia de este traspiés, Samsung estimó las pérdidas operativas en unos 6,1 billones de wones (4.892 millones de euros) entre julio de 2016 y marzo de 2017. Además, ha calculado un impacto negativo de unos 3,5 billones de wones (2.800 millones de euros) en su beneficio operativo en los próximos dos trimestres.

Fuente: El Mundo