Esta es la primera parte de tres, de una entrevista en exclusiva que tuvo nuestro periodista Abraham Eloyón Chiquito con Dios en una oficina de la zona 10.

El lunes 20 de junio del 2016 quedará marcado para siempre en mi vida.

Acababa de llegar a la casa luego de un día de trabajo pesado en la redacción del Diario El Informal, mis amigos incondicionales Muluc y Jitler me habían acompañado a la tienda de Doña Amparo a refrescar el “gaznate”, donde la promesa de “echemos un parito” terminó en un tributo a la cinta cinematográfica “Garganta Profunda” de Gerard Damiano, pero en lugar de falos eran litros lo que nos tragábamos.

Aquellos me dejaron en la puerta de mi casa como prometieron, pero no en calidad de bulto, más parecía una Pucching Ball cuando me agarró a cuentazos la Wicha. Morongueado de las dos formas posibles (ebrio y golpeado para evitar el albur), me hinqué en la orilla de mi catre genérico y clamé a Dios con el clásico: “¡No lo vuelvo a hacer!”.



Entonces empecé a ver cómo todo a mi alrededor se movía, miraba luces despampanantes que maltrataban mis ojos, me acosté en la cama y sentí cómo todo empezaba a dar vueltas. “¡Es el helicóptero!”, exclamé, y juro por la vida de mi madre que no está muerta que lo primero que quería hacer, era devolver el helicóptero para que no me investigara la Cicig.

Al final entré en trance con una rola de Francis Dávila de fondo y en el cielo falso de la casa se empezó a formar una figura, pero luego me recordé que era el moho que no limpiaba desde hace

meses. Y me dí la vuelta así como para ver a la pared, porque me recordé que el Jitler me había dicho que Jim Morrison se había muerto ahogado en su propio vómito, ¡Chis! dije yo, “¡Qué huevos manchar el uniforme del Diario El Informal!”, así que me voltee y para darles contexto, yo duermo arriba de la Wicha, osea en la cama de arriba de la litera. Creo que se enojó, por qué me dijo: “Mirá lo que hiciste coche, sos un asqueroso, inútil, borracho…”, mientras sus palabras fueron diluyéndose suavemente al igual que mis ojos cerrándose al compás de unas campanadas, un coro de ángeles y una mano que me jalaba hacia otra dimensión.

Entonces se perdieron las palabras de la Wicha y aparecí en una habitación blanca, pero como que la habían pintado con Celco, se notaba que le habían pasado unas cinco manos a las paredes. De repente se pronunció un señor: -“¡Eloyón!, tengo una misión para vos”, dijo una voz que yo pensé que era el Fernando Alcázar. -“¡Qué pedera!”, dije yo, -“¡Que no me salga Juan José Ríos que prefiero que me levante a cuentazos la Wicha!”, pero no… “gracias a Dios”, le dije a Dios, quién salía desde una humazón fabricada con un truco barato del Mago Marcel. -“¡Soy Dios!”, me dijo. Yo ya estaba alistando mis tres deseos, porque a uno en la religión solo a pedir le enseñan. -“¡Te voy a dar una entrevista!”. -“¡Qué huevos!” dije, miro a Dios y es solo para ponerme más chance. Le iba a cobrar así tipo freelance para quedarme con la ganancia, pero luego recordé que minutos antes, a la orilla de la cama, ya le había hecho una promesa que no iba a cumplir. -“Mejor dame unos veinte pesos y quedamos tablas”, le respondí, porque le debía las caguamas al Muluc y al Jitler. -“No soy tan mula”, me respondió y continuó, -“Dios también se equivoca y quiero que le digás a tu gente, que voy a devolverles sus oraciones por Fedex. Ya no me van a ver la cara.” Pero yo si le vi la cara a Dios y tenía el ceño fruncido, así como tenía mi fundillo. -“Mirá, el 30 de junio te va a pasar recogiendo una limusina blanca en tu chance, te vas a subir en ella y nos vamos a juntar en la zona 10 en un lugar que no será revelado. ¿Tenés preguntas?”. Y le dije: -“Sí, de casualidad ¿no sos cuate de Shen Long?”. Y así desapareció Dios con el mismo truco barato del Mago Marcel.

En un fade in, la voz de la Wicha se empezó a escuchar: -“La leche, los frijolitos, el pan, ¿cuánto crees que nos va a aguantar tu sueldo? ¿Así te querés casar? Bueno para nada”. -“Tranquila mi cielo”, le dije. -“Dios proveerá”.