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Danilo López de 38 años, corresponsal de Prensa Libre y Federico Salazar de 32 años, corresponsal de Radio Nuevo Mundo, son dos nuevos héroes y mártires de este gremio tan lastimado y que, aunque se haga un nudo en la garganta y un retortijón en el estómago, parece que es tan solo el principio, pues estamos en año electoral y la escoria ya se prepara para enlistar borregos y utilizar el ya clásico “borrado de mente”, al mejor estilo del pequeño aparato que utilizaban los Men in Black.

Por supuesto, no nos olvidamos de Marvin Israel Túnchez, de 28, periodista local en Suchitepéquez y quien se debate entre la vida y la muerte. Esperamos que pueda resistir a este inescrupuloso acto de cobardes y ladrones. Ojalá y se recupere, pues seguramente su familia le espera y también confía en lo mismo: que no muera.

No es para nada sorpresa que el asesinato de estos dos colegas se haya realizado a las 11 de la mañana y en pleno parque de Mazatenango. La verdad ya no da escalofríos conocer este tipo de terribles noticias.

Lo que sí da terror y mucha indignación – porque no puedes hacer nada más que escribir este tipo de líneas – es que se sepa en primera instancia que el ataque haya sido ordenado por el propio alcalde de San Lorenzo Suchitepéquez, un tal José Linares Rojas, quien seguramente no tuvo más remedio que mandar a asesinar a López, para que no saliera a luz toda la porquería que – eso sí – a la que ya estamos acostumbrados. Al menos, eso es lo que se supone tienen investigado, por el momento, las autoridades de nuestro golpeado pero amado país.



Danilo López temía por su vida y denunció en varias oportunidades que recibía amenazas de muerte. “Más claro no canta un gallo” dice el refrán popular. No había más qué hacer para López que cumplir con su trabajo. El hecho de realizar una investigación exhaustiva para dar a conocer que este pelafustán de político está robando, de cualquier manera o por cualquier vía, lo tuvo que pagar con su vida.

Este hecho ocurrió tan solo unos minutos después de que también a primera hora, hubiese detonaciones de granadas, ráfagas de balas, un muerto y varios heridos, a inmediaciones del Hospital General San Juan de Dios. Por supuesto, no se minimiza este hecho comparado con el de los periodistas o incluso con todas las muertes que suceden a diario. Por el contrario, habría que hacer muchos más editoriales para cada una de las vidas perdidas de Guatemala. Uno por cada una.

Desde este humilde pero consciente sitio web, mostramos nuestras condolencias para estos guerreros caídos. Ojalá se capture a los responsables y tengamos la oportunidad de ver sus asquerosos rostros en los medios, sea quien sea, desde el miserable sicario que descargó con toda furia las tolvas contra los periodistas, hasta quien fue el autor intelectual del mismo.

Ojalá que los asesinos (materiales e intelectuales) no puedan dormir tranquilos, que la conciencia les retuerza el estómago y que tengan necesidad de despertar cada segundo, para imaginar aquella terrible escena de muerte y que se pregunten a sí mismo: ¿Por qué lo hice?

Por supuesto, en Diario El Informal seguiremos mofándonos de la política en Guatemala, de los malos políticos y de los sujetos que están en puestos públicos solamente para “hacer su Agosto”. Seguiremos riéndonos… por no llorar.