editorial-cintillo

La Asamblea Nacional Constituyente celebró hace 30 años la creación de la Constitución Política de la República luego del golpe de Estado que finiquitó a Romeo Lucas García.

Sin duda la Carta Magna ha sido un millennials más, un niño que creció entre nosotros durante los años ochenta sumido en caricaturas del Canal 3, o en las mismas películas del 11 que aún transmiten a toda honra en la mal llamada “televisión nacional-mexicana”.

La Constitución no se ha dado cuenta que siguen pasando los mismos programas de televisión, porque un monopolio televisivo sigue instalado en las únicas pantallas que dictan el buen trabajo del Gobierno de turno, a costa de millonarios gastos por publicidad provenientes del presupuesto que con trabajo ha dado cada guatemalteco. Por eso ya ni pasan Dragon Ball, por programas como “Combate” que son copy-paste “baldizoniano” de ideas secuestradas de otros países. Por eso da gusto ver cómo los ciudadanos exigen en las marchas que vuelva la serie de Akira Toriyama, porque la programación es basura y al menos Goku ni ante el mismo Mr. Satán se rindió.



La Constitución nunca tuvo padre, porque esos “Padres de la Patria” nadie los los quiso, ni sus hijos, ni sus nietos. Esos padres que llegan tarde a casa, que se chupan el salario y no dan para comer, esos padres que golpean y que machacan, inconscientes, locos y soberbios. Por eso nuestra Carta Magna aprendió vicios, aprendió a robar y a matar, porque la ahogaron desde el seno familiar con padres que han propiciado violencia intrafamiliar.

La Constitución estuvo escondida en su habitación durante 1993 oyendo Pearl Jam y Metallica, regañada por su papá Serrano Elías, presidente “constitucional” que decidió irse de casa por la puerta de atrás. La Constitución estuvo llorando cuando otro de sus “padres” le vendieron Guatel. Lloró por su amigo Juan Gerardi y lloró aún más cuando fue usada y violada para que los asesinos se lavaran las manos con ella. Sufrió un trauma cuando su “papá” Ríos Montt le abrió las piernas para penetrarla sin permiso.

Ahora ha entrado a la crisis de los 30 y ningún terapeuta la ha ayudado, sufre depresión, le intriga su futuro, sigue siendo usada, todos pasan encima de ella y con el trato que ha recibido, la esperanza de vida se ha reducido. Tiene sentimientos de culpa, por no poder ayudar a cambiar fácilmente la legislación. Se siente utilizada por los constituyentes perpetuados en el poder.

Y a pesar de que a nivel mundial le han dicho que es una buena bailarina, no la dejan brillar.